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Examined Life.

Hemos querido compartir con ustedes este excelente documental llamado “Examined Life”, del año 2008, dirigido por Astra Tylor.

El documental se basa en la simple idea de conversar sobre temas cotidianos con algunos de los filósofos más importantes de la actualidad.

Paseando por las calles de New York, nos plantean desde la cotidianidad misma, cuestiones éticas y morales que surgen del actual modo de vida occidental.

Discriminación, ecología, riqueza y pobreza, son algunos de los temas que nos proponen para abordar la idea del sentido.

Aquí les dejamos el trailer del documental.

Se encuentra dividido en 8 partes. Las descargan todas, y luego al descomprimir con winrar, se unirá automáticamente.

Además encontrarán un archivo con los subtítulos en español.

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¿Es política la pobreza?

La última encuesta CASEN instaló nuevamente  el problema de la pobreza en el debate público. Las estadísticas señalan que ésta aumentó de un 13,7% a un 15,1% y que también creció la brecha entre los segmentos que poseen mayores y menores ingresos.  Lo interesante de las discusiones y reacciones que se han producido  no consiste sólo en que la pobreza vuelva a ser visibilizada sino en que han aparecido las concepciones de diversos actores en lo que respecta a qué es la pobreza y cómo debe ser solucionada, y particularmente en torno  a cuál es la relación entre la política y este fenómeno.

Más allá de lo discutible que pueden ser los datos de la encuesta CASEN, ya que se apoyan en  concepciones ambiguas, vagas y absolutamente cuestionables, me referiré específicamente a  las reacciones del gobierno sobre sus resultados. Esto, porque el  gobierno en sus dichos no sólo señala a todos los ciudadanos cuál es su posicionamiento como conglomerado político frente a la pobreza, sino cuál es la postura de la política como espacio simbólico respecto a este tipo de fenómenos. En la medida en que el gobierno es identificado con el espacio político y también con lo que éste puede ofrecer a los ciudadanos, su discurso tiene efectos en la relación que se configura entre los ciudadanos y la comprensión que éstos realizan sobre los impactos que puede tener   la política en las problemáticas sociales.

En relación a esto, llama la atención que una de las primeras reacciones del gobierno al presentar las estadísticas de la encuesta consistiera en señalar que la causa de este aumento en la pobreza se debiera entre otras cosas, a la desviación de los fondos destinados a la protección social producto de la corrupción. Y que luego la vocera de gobierno mencionara que la mejor forma de enfrentar el problema de la pobreza es a través de la despolitización, o que el senador Longueira señalara que el aumento de la pobreza se debe a la “politización” de las políticas sociales., Y que luego la vocera de gobierno mencionara que la mejor forma de enfrentar el problema de la pobreza es a través de la despolitización, o que el senador Longueira señalara que el aumento de la pobreza se debe a la “politización” de las políticas sociales.

¿Qué señal está mandando el gobierno con sus dichos? ¿Qué relación se está estableciendo entre la política y problemas sociales?¿Cuál es la vinculación que a su vez se está instituyendo  entre los ciudadanos y la idea de la política?

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Discurso de la izquierda: ¿Pueblo sordo o izquierda muda?

Sin duda, el mayor triunfo de la derecha en Chile no ha sido instalar a Piñera como presidente a través de elecciones democráticas, sino que instalar en Chile un discurso hegemónico y su respectivo sentido común, que hoy tiene a la izquierda arrinconada, alejada de los sectores populares, y enfrascada en una estéril disputa de espacios de poder simbólicos pero sin influencia.

El discurso hegemónico ha logrado impedir que las reivindicaciones que la izquierda enarbola sean recibidas por quienes supuestamente se benefician por esas luchas. Ello mediante dos importantes procesos: la individualización del sujeto y el secuestro del lenguaje.

cortesía de Gettyimages.com

Respecto del primer punto, no es difícil darse cuenta que el sentido común imperante en la actualidad apunta hacia la exaltación del individuo y la renegación de la sociedad. Se nos da a entender que es el esfuerzo individual, alejado de lo colectivo, lo que finalmente nos permite satisfacer nuestras necesidades y que –a su vez- esas necesidades también son individuales o, a lo más, implican a la familia nuclear.

Conceptos como “emprendimiento” y “esfuerzo personal”, son instalados desde el discurso hegemónico mediante su difusión a través de los medios de comunicación y el sistema educacional. No es menor que hoy la ingeniería comercial sea una carrera tan apetecida por los futuros profesionales.

El segundo proceso es, sin embargo, el más importante, pues es el que permite que el discurso hegemónico se pueda desenvolver sin una articulación que le oponga resistencia. El secuestro del lenguaje ha permitido a la derecha durante los últimos 20 años evitar todo contacto entre las reivindicaciones asociadas al socialismo y al comunitarismo y “el pueblo”.

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La víctima y una retórica de represión.

En Chile han ocurrido una serie de cambios en el campo discursivo que permiten pensar en ciertas modificaciones en los procesos sociales que hablan de nuevas formas de concebir la realidad. Estas modificaciones han afectado, entre otras cosas, a la manera de entender el delito y  a los implicados en él. En este ensayo se abordará específicamente el nuevo status que adquiere la figura de la víctima y las consecuencias políticas que se desprenden de esta manera de entender la realidad delictiva.

Para empezar, se hace necesario realizar una revisión del concepto de “víctima” para entender la emergencia de su aparición y su relación con las políticas de seguridad.

Uno de los primeros lugares donde se aborda la idea de víctima corresponde al espacio legal. En un inicio, con la criminología, surge el interés por el delito pero referida principalmente a la cantidad y calidad de la pena. Esta importancia por el cálculo de la condena por sobre los involucrados en el crimen respondía a la concepción de sujeto que imperaba en aquella época y a su relación con el Estado. Se entendía que el sujeto era antes que todo racional, dueño de sí mismo y por ende responsable de sus actos. Bajo esta mirada “la sociedad y el estado quedaban exonerados de toda responsabilidad en el origen de la criminalidad.” (Bodero, E., s/f, p.3) debido a que el crimen era comprendido como un problema entre dos sujetos autónomos y responsables de sus acciones y no como un fenómeno social.  Interesarse por la víctima o por el victimario hubiese implicado para el derecho penal “(..) reconocer la corresponsabilidad de la sociedad y el Estado en la gestación y producción del crimen, cuestión absolutamente inadmisible para una  sociedad política y económicamente estructurada sobre la base del más acendrado individualismo.” (Bodero, E., s/f, p.3).

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