¿Es política la pobreza?

La última encuesta CASEN instaló nuevamente  el problema de la pobreza en el debate público. Las estadísticas señalan que ésta aumentó de un 13,7% a un 15,1% y que también creció la brecha entre los segmentos que poseen mayores y menores ingresos.  Lo interesante de las discusiones y reacciones que se han producido  no consiste sólo en que la pobreza vuelva a ser visibilizada sino en que han aparecido las concepciones de diversos actores en lo que respecta a qué es la pobreza y cómo debe ser solucionada, y particularmente en torno  a cuál es la relación entre la política y este fenómeno.

Más allá de lo discutible que pueden ser los datos de la encuesta CASEN, ya que se apoyan en  concepciones ambiguas, vagas y absolutamente cuestionables, me referiré específicamente a  las reacciones del gobierno sobre sus resultados. Esto, porque el  gobierno en sus dichos no sólo señala a todos los ciudadanos cuál es su posicionamiento como conglomerado político frente a la pobreza, sino cuál es la postura de la política como espacio simbólico respecto a este tipo de fenómenos. En la medida en que el gobierno es identificado con el espacio político y también con lo que éste puede ofrecer a los ciudadanos, su discurso tiene efectos en la relación que se configura entre los ciudadanos y la comprensión que éstos realizan sobre los impactos que puede tener   la política en las problemáticas sociales.

En relación a esto, llama la atención que una de las primeras reacciones del gobierno al presentar las estadísticas de la encuesta consistiera en señalar que la causa de este aumento en la pobreza se debiera entre otras cosas, a la desviación de los fondos destinados a la protección social producto de la corrupción. Y que luego la vocera de gobierno mencionara que la mejor forma de enfrentar el problema de la pobreza es a través de la despolitización, o que el senador Longueira señalara que el aumento de la pobreza se debe a la “politización” de las políticas sociales., Y que luego la vocera de gobierno mencionara que la mejor forma de enfrentar el problema de la pobreza es a través de la despolitización, o que el senador Longueira señalara que el aumento de la pobreza se debe a la “politización” de las políticas sociales.

¿Qué señal está mandando el gobierno con sus dichos? ¿Qué relación se está estableciendo entre la política y problemas sociales?¿Cuál es la vinculación que a su vez se está instituyendo  entre los ciudadanos y la idea de la política?

Al parecer, en estos discursos la política aparece como un obstáculo para solucionar la pobreza en Chile e incluso, una de sus causantes.  De este modo se fija un lugar particular para la política en donde se vienen a confirmar ciertos estereotipos de lo que ella representa y de lo que de ella se puede esperar: corrupción, ineficiencia, beneficio de intereses individuales y no los de la ciudadanía, etc. Si bien es cierto que en el ejercicio de la política estas cosas efectivamente ocurren, es riesgoso restringirla solamente a este tipo de prácticas  ya que mediante estas alusiones se delimita un lugar para la política donde lo único que queda es prescindir de ella para poder afrontar el problema de la pobreza. Es esto último lo que debe ser discutido y tensionado si se quiere recuperar la política para los ciudadanos.

Cabe preguntarse si la política se trata sólo de un modo, de una forma  de administrar los recursos caracterizada por un cierto formato monopolizado por un sector en particular, o si se trata más bien de un espacio donde nos jugamos algo  de nosotros mismos como sujetos y sociedad. La política es importante no sólo en la medida en que impone políticas públicas con respecto a la pobreza, sino en la medida en que se erige como un lugar donde se define y redefine cuál es la pobreza aceptable y cuál no. La política importa porque es ahí donde se considera quienes serán catalogados como pobres,  que posición tomaremos frente a ellos como sociedad y qué hará el Estado, como representante de la voluntad ciudadana frente a ello. La política se trata finalmente de la definición de los límites que dirimen qué será aceptable para nosotros como ciudadanos y que no.

Es debido a esto que no es menor cuando el actual gobierno  relaciona la idea de la política como causante o interviniente negativo en el problema de la pobreza. Primero, porque se pierde la discusión que debemos realizar como ciudadanos para hacernos responsables de la sociedad que decidimos construir,  quedando en manos de unos cuantos expertos que deciden de acuerdo a sus criterios, sin que estos  puedan ser cuestionados o puestos en tensión con otras opiniones.  Ese espacio que trata sobre los límites, queda en manos de un grupo de gestores que imponen sus concepciones, cuando somos todos nosotros los interpelados a tomar una postura con relación a las otras personas, con relación a las personas que viven en condición de pobreza. De esta manera quienes dicen que hay que despolitizar no dejan de hacer política en las acciones que ejecutan (imponen una manera de comprender el fenómeno social y de solucionarlo), pero la convierten en un espacio restringido donde la opinión de los ciudadanos deja de tener cabida.

Cuando creemos que la pobreza no es un tema político o que hay que despolitizarlo, hay algo de nosotros como comunidad que se muestra indiferente con respecto a lo que hemos construido, ya que, mal que mal, el problema no consiste tanto en su exclusión de la sociedad como en su naturalización.

Por Camila Toledo O.

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